¿Qué hacemos con el deporte y la Covid-19?.

La situación del deporte requiere un especial análisis. Más allá de sus beneficios físicos y psicosociales, la actividad física se ha convertido en su vertiente profesional en un importante motor de la economía. El fútbol profesional genera 15.688 millones de euros al año, lo que supone un 1,37% del Producto Interior Bruto (PIB) de España, al tiempo que facilita 185.000 puestos de trabajo. Su importancia es tal, que gracias a LaLiga se financian otros deportes no profesionales, con lo cual la vuelta a la actividad fue una prioridad para la patronal desde que se declaró la pandemia de Covid-19.

Deporte profesional

En España, el ejemplo paradigmático lo constituye LaLiga, que activó unos protocolos especiales casi desde el primer minuto–con test cada tres días prácticamente- para acabar las competiciones de fútbol profesional y comenzar la temporada 20-21 con seguridad. En similares términos ha trabajado la ACB para facilitar las competiciones profesionales de baloncesto. Todo ello con el objetivo de garantizar los ingresos televisivos sobre los que pivotan ahora las economías de los clubes.
La falta de espectadores y toda la actividad vinculada a estos grandes deportes de masas ha provocado una pérdida millonaria que, por el momento, se mantiene gracias a la televisión. En ese sentido, ya se están realizando algunas pruebas piloto para la vuelta del público a los estadios como la Supercopa de Europa de fútbol disputada entre el Sevilla y Bayern de Munich en Budapest donde se congregaron 15.500 espectadores.
¿Se debe permitir el acceso del público al fútbol profesional? ¿Es seguro ir a un evento multitudinario?.

Deporte no profesional.

Tras varios meses de incertidumbres, el Consejo Superior de Deportes optó por delegar en cada comunidad autónoma los protocolos y normativas, lo que ha generado diferentes situaciones en el territorio. Además, las Federaciones han establecido también sus protocolos, lo que ha venido a regular de una forma heterogénea la vuelta a la actividad.
El Gobierno de Canarias ha establecido una serie de normas para la vuelta a las competiciones, pero siguen produciéndose incoherencias. En Tenerife se ha llegado a una situación peculiar: en el mismo escenario, el Pabellón Santiago Martín, el CB Clarinos –máxima categoría femenina de baloncesto- disputó su primer encuentro de liga con público mientras que al Iberostar Tenerife (profesional), el Gobierno de Canarias le impidió llevar público unos días antes a la Supercopa y a sus partidos oficiales.
¿Quién decide y cuáles son los criterios para autorizar o no la presencia de público? ¿El riesgo de contraer la Covid-19 está en función de si el deporte es profesional o no o en función de parámetros como la distancia interpersonal y las protecciones?.

Deporte base: escuelas municipales.

Uno de los grandes problemas es el deporte base. Hay miles de niños y niñas que practican diferentes modalidades deportivas que hasta el momento no han podido retornar a la actividad. El deporte base, en el que incluimos a las escuelas municipales, generan una importante actividad económica directa e indirecta –entrenadores, preparadores físicos, fisioterapeutas y comercios vinculados con el material deportivo- que también se está resintiendo.
¿Quiénes tienen que establecer y garantizar los protocolos? ¿Los ayuntamientos? ¿Los clubes? ¿Quién financia las medidas anti Covid-19: geles, limpieza y desinfección? ¿Qué ocurre con los clubes deportivos privados? ¿Qué ocurre con los deportes acuáticos como la natación o el waterpolo?.

Deportes de contacto.

En Canarias no se ha permitido hasta el momento la vuelta de los deportes de contacto. El boxeo, kickboxing y el resto de disciplinas asociadas siguen a la espera de una respuesta regional, mientras que a nivel nacional e internacional ya se han realizado combates. Por otra parte, hay algunos deportes tradicionales como el balonmano en el que el contacto físico es prácticamente constante y al que sí se ha autorizado a volver a la competición.

El caso de la Lucha canaria.

Especial consideración requiere la lucha canaria, una modalidad que vive con incertidumbre su futuro. Los equipos se nutren de los patrocinadores y de las taquillas. Los primeros se encuentran ahogados por la crisis económica derivada de la pandemia y los segundos siguen a la espera de que se reanude la actividad para saber en qué condiciones podrían asistir a los terreros.
Los clubes y luchadores reclaman protocolos de seguridad y test para volver cuanto antes a la actividad. ¿Cuál es la solución económica? ¿Quién paga esos protocolos y test? ¿Se puede copiar el modelo del fútbol y mantener la actividad a través de los derechos televisivos? ¿Está el Gobierno de Canarias obligado a proteger un deporte único que solo se disputa en nuestra comunidad autónoma?

Deporte free.

Cada día hay más personas que practican actividad física por su cuenta. Personas que salen a correr, nadar o montar en bici a los que se les recomienda utilizar la mascarilla, pero a lo que no están obligados. Son miles de personas ‘sin control’ a los que solo les afectan las medidas establecidas para la población en general.

Centros deportivos y gimnasios.

En el caso de las instalaciones públicas, parece evidente que debe ser la administración titular de la misma quien se encargue de los protocolos. Sin embargo, en la actividad privada, muchos empresarios han tenido que adaptar sus centros deportivos y gimnasios a los protocolos anti Covid-19 con una importante inversión en medio de una crisis. Eso ha supuesto un gran esfuerzo, ya que sus ingresos han bajado durante el confinamiento. Algunos han vuelto a la actividad, pero muchos han tenido que cerrar.
¿Han tenido ayudas? ¿Han sido suficientes? ¿Quién controla que se estén cumpliendo los protocolos?.

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